No sé vosotros, yo empiezo a ver ya un poco de luz al final del túnel y me parece un buen momento para recopilar los cómics sobre la pandemia que dibujé durante la pandemia que prácticamente me quitó hasta las ganas de dibujar cómics.

Todo empezó en marzo de 2020 con divertidas paranoias de desabastecimiento (Papel higiénico) pero la posibilidad de pasar un par de semanitas en casa no parecía un plan malo del todo (Confinamiento). Tres meses después empezaron a dejarnos salir poco a poco y desordenadamente (Fases) y había hasta personas que no creían en el virus o no le daban importancia (Negacionistas) y fotoperiodistas que iban a la playa a hacer fotos con teleobjetivo para que pareciese que los bañistas estaban todos apretaditos (Morbo playero). Descubrimos las propiedades organolépticas de nuestro propio aliento (La peste) y tratamos de rehacer nuestras vidas (Vuelta a la normalidad) y los más valientes trataron de mantenerse informados leyendo la prensa (Periodismo) y el miedo dejó paso, poco a poco, a la crispación (Vectores). Nos enfrentamos a los calores del verano (Agosto de pandemia), juzgamos y fuimos juzgados por nuestros vecinos (Gente asquerosa), y, a falta de testeos masivos, nos apañamos como pudimos (Tests). Le pillamos cierto gustillo a hacer las compras desde casa (Las pequeñas tiendas de barrio), y vimos hundirse a industrias enteras que ya han reflotado (El hundimiento) y a algunos todo eso nos preocupó relativamente poco hasta que nosotros mismos tuvimos que volver a enfrentarnos al trabajo presencial (Venn y Venn 2). A mí me crispó especialmente un pediatra que sacaron mucho por la tele diciendo que las escuelas eran seguras y que los niños no se contagiaban y no transmitían el virus (Análisis vectorial 1, 2, 3 y 4). Nuestras expectativas en general eran cada vez menos ambiciosas (A punto de tocar fondo), teníamos problemas hasta para estar al día de los nuevos bulos y chorradas que iban surgiendo (La gran conspiración de los termómetros pistola, Contra la cultura del miedo, Fritura de neuronas). Con todo, batimos algunas marcas personales (Campeón mundial de lo mío), aunque la ficción de considerarnos a nosotros mismos buenas personas se tambaleó un poco (Malos pensamientos). Por algún motivo que se me escapa, a vivir así la prensa lo llamó Nueva normalidad. Mis alumnos eran muy discretos y, cuando se infectaban, la mayoría ni me lo decían, pero otros compañeros siguieron impartiendo clases presenciales sin que les hiciesen ni siquiera una PCR después de haber detectado brotes en algunas de sus clases y haber aislado a los alumnos de esas clases (El beso) y, para complicarlo todo un poco más, se nos prohibió comer en la calle o en terracitas al aire libre (Sobre lo de cerrar bares y restaurantes), con lo que no nos quedó otra que aprender a convivir con el virus (Aprendiendo a convivir con el virus). En muchos puestos de trabajo se asignó al primer despistado que pasaba por ahí el cargo de «responsable Covid» sin que sus funciones quedasen claras del todo (La responsable) y quien más quien menos descubrió su propia esencialidad (Esenciales 2020). Ya no se decía tanto lo de que de la pandemia saldríamos más fuertes (Saldremos) pero sí que se nos insistió mucho en que en nuestro tiempo libre y en fechas señaladas no bajásemos la guardia y tratásemos con menos gente de la que tratábamos cada día de lunes a viernes (Noche de paz, Navidad 2020, Nochemuyvieja) porque empezaba o iba a empezar o iba a continuar la desescalada (El descalabre). Llegué a tener fantasías papales (Si yo fuese Papa de Roma) pero no me animaban ya ni las frases motivacionales de las tazas del desayuno (Wonderful 2020), solo quería pincharme y los antivacunas proselitistas me tocaban los cojones con las dos manos (Tan valientes y tan cobardes, Los efectos) y me sorprendía entre poco y nada que muchos bulos peligrosos que atentaban contra la salud pública fuesen propagados, a parte de por despistados y gente de letras, por bots y cizañeros profesionales vinculados a partidos de ultraderecha (Madre mía la ultraderecha). De mientras no nos pinchaban inventamos nuevas estrategias (No todos los héroes llevan capa), aprendimos a aburrirnos por videoconferencia (El algoritmo) y a trabajar a todas horas y de lunes a domingo (Teletrabajo) e intentamos que la vida se abriese camino en sitios no convencionales (En un sitio como este) pero empezábamos a manifestar síntomas de fatigas pandémica y normal (Fatiga pandémica). Luego llegó la segunda primavera pandémica (Primavera) y al final hasta nos pincharon y nos dejaron salir de casa sin mascarilla y hasta volver a los bares (Ensaladilla).

Ha muerto un montón de gente pero somos más los que hemos sobrevivido y me gusta pensar que esto ya es casi un pasar página y un empezar a tener ideas de chistes de otros temas. Una felicitación, un aplauso y un abrazo, aunque sea todavía virtual, a todos los supervivientes. A lo mejor no salimos más fuertes pero quizá sí un poco más sabios.