Ladies and gentlemen,
vuelve Salón del Cómic de Zaragoza y vuelve el WEE y vuelve el WEEzine, y vuelven por todo lo alto, con un WEEzine X de más de 100 páginas firmadas por alrededor de 30 autores.

Para que se hagan ustedes una idea de lo que significaron el WEE y el WEEzine para el Listo, pego un capítulo de Una amante complaciente:

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Resulta que, en 2006, Beatriz se apuntó a la lista de correo del Listo y me mandó un mail que decía: “y hablando de listas… ¿Te gustaría unirte a WEE?”. Le respondí que sí.

WEE eran las siglas de un listado de webcómics en español. Beatriz y los suyos habían ideado un pequeño código que, si lo añadía al HTML de mi página, hacía que centenares de otros webcómics apareciesen al alcance de un par de clics, y todos ellos también se habían puesto el código, y eso hacía que mis cosas también fuesen fácilmente accesibles desde las suyas. Guau. Hasta ese momento no era yo consciente de que hubiese tanta gente que pusiese viñetas online (no eran los mil millones de los que habló El Mundo cuando salió lo de la antología, pero eran muchos más de los que hubiese imaginado). Muchos eran mangas y cosas raras dibujadas en Microsoft Paint que tenían todavía peor aspecto que lo mío, pero había unos cuantos buenos, y también tenían un foro especializado en el que dejaban entrar a cualquiera y al que poco a poco me fui viciando.

Del foro del WEE salieron sinergias divertidas, amistades, pasiones, amores… De todo, incluso un matrimonio. La exitosa campaña de postales navideñas Estas navidades regala sexo oral se organizó ahí. El Mes de las tetas, dedicado a la prevención del cáncer de mama, también. Y WEE Wars y dibujos colectivos y calendarios y acalorados debates sobre las mejores estrategias para deshacerse de un cadáver y, por supuesto, también montones de trucos y consejos para el uso del Photoshop y discusiones sobre qué cómics molaban más que otros.

Recuerdo muchos momentos divertidos vividos al calor de ese foro y también un par de momentos tristes: el primero cuando murió Pablo y el segundo cuando murió Marcos. En ambos casos, la lección para mí fue parecida, y podría resumirse en que vale la pena ser amable con la gente, porque lo que las personas muestran de sí mismas es sólo la punta de un iceberg y pueden llegar a estar mucho más jodidas de lo que aparentan. En las interacciones cara a cara ya pasa bastante que tratamos de mostrarnos fuertes y cuerdos y ocultamos los problemas para no hacernos pesados, pero por Internet más. Puedes tener charlas intrascendentes con personas que están contemplando el suicidio o que padecen enfermedades degenerativas sin ni siquiera darte cuenta de su sufrimiento hasta que ese sufrimiento ha terminado y un amigo o familiar se molesta en contarte que con esa persona ya no habrá más conversaciones ni intrascendentes ni trascendentes ni de ningún tipo intermedio.

Antes de dejarnos, Pablo dibujaba tiras cómicas protagonizadas por dinosaurios antropomorfos. En una de ellas salía un pterodáctilo rojo comiendo patatas fritas industriales y en la primera viñeta decía: “La vida es como una bolsa de papas fritas: Las cosas empiezan bien pero se van desarmando hasta que en el fondo solo queda lo molido”. Y luego, apurando las últimas migas directamente de la bolsa: “…pero lo molido es papa frita igual”. En aquel momento parecía un canto a la vida como el Palabras para Julia de Goytisolo.

Y un día entró también en el foro un tal Ramón, todo loco, con mil proyectos nuevos, entre los cuales estaba algo tan vintage y ochentero como hacer un fanzine en papel, y a la que parpadeamos ya estábamos en Zaragoza presentándolo en un salón del cómic. Madre mía, la última vez que había ido yo a un salón de esos todavía no me afeitaba.

Como era del fanzine del Wee, se llamó Weezine, igual que un fanzine del club de fans de Weezer del que se publicaron 12 números a mediados de los 90, pero la confusión entre ambos era improbable, tanto por el contexto como por el contenido se veía enseguida cuál era cuál. En la portada del primer número de nuestro Weezine ponía “De la red al papel: los mejores webcómics, ahora en tus manos” y llegaron a salir hasta cinco números más, cada uno más gordo que el anterior, y se vendieron sorprendentemente bien. O al menos sorprendentemente bien para mí, que no creía tener muchos lectores saloneros, quizá alguien con más visión comercial se habría dado cuenta enseguida de que una publicación con viñetas de ¡Eh, tío!, XDCómics, A friki’s life, 404, Geek in love, Oseano, Made in the moon, Planeta Absurdo, Mazapilones, Como la vida misma, HTV y Dragon Mail era un éxito asegurado.

En el Salón del Cómic de Barcelona si eras un mindundi y querías un stand te salía por un ojo de la cara y te ponían en un gueto apartado de las zonas transitadas, pero en el Salón del Cómic de Zaragoza nos pusieron (ese año y también los siguientes) un stand inmenso gratis al lado de la puerta de entrada. Ahí había sitio para que seis o siete autores firmasen y dibujasen en paralelo y cómodamente sentados, pero éramos cincuenta mil (cifra aproximada) y lo desbordábamos igualmente. Como no cabíamos dentro del stand, nos poníamos también delante de él y a los lados e incluso detrás, en el pequeño espacio que se abría entre una lámina de PVC y un muro de hormigón. Los años buenos incluso planeábamos un horario de firmas, y con esta excusa nos turnábamos las sillas. Y no es que no tuviésemos éxito y no viniesen lectores a comprarnos fanzines y a que les dibujásemos cosas, pero si no hubiese venido nadie no se hubiese notado, porque éramos tantos que dábamos sensación de exitazo igualmente. Formábamos una pequeña muchedumbre de tal densidad que no era difícil imaginar que en medio estaba por ejemplo Justin Bieber o Lady Gaga, y eso atraía a los curiosos. Las tiradas iniciales, de entre 300 y 500 ejemplares, se agotaban enseguida, y de algunos números llegaron a hacerse hasta dos reimpresiones de 200 o 300 ejemplares cada una. No está nada mal para una pandilla de advenedizos con escasa experiencia en el mundo offline.

Como “pago” por el espacio, los responsables del salón nos pedían que organizásemos charlas, talleres, mesas redondas y cosas así, es decir, que además de regalarnos un buen stand, nos dejaban la salita de las conferencias para jugar a ser famosos.

Con el tiempo hasta hemos aprendido a hablar en público, pero recuerdo las primeras charlas con cierta turbación. Lo bonito era que, por mucho que nos trabásemos al hablar, la sala de actos también solíamos tenerla casi siempre abarrotada. A veces entraba alguien espontáneamente, pero no era una sala muy grande y la podíamos llenar fácilmente con los propios miembros del Wee. En un alarde de planificación, los temas sobre los que charlábamos ante nuestros propios amigos webcomiqueros solían ser temas de tan contundente interés como “Qué es un webcómic” o “Cómo hacer un webcómic”. Según cómo lo mires puede parecer un poco absurdo, pero molaba un montón. Y luego por la noche nos reservábamos un bar entero para nosotros, poníamos nuestra propia música y organizábamos que en la barra se sirviesen chupitos con los nombres de nuestros personajes.

Algunos autores se lo habían currado y habían propuesto recetas elaboradas. El chupito Koopa tenía la apariencia de un pequeño cerebro flotante y estaba hecho con Bailey’s y otras sustancias que se negaban a mezclarse con el Bailey’s. Un Despair era grosella con vodka y vete a saber qué más. Para hacer un Genara se mezclaba una parte de tequila con dos partes de licor de café y se le prendía fuego, lo cual resultaba muy vistoso. Un Mythu era una pócima verde y también ardía, creo que era el equivalente de lo que los entendidos en cócteles llaman un Kalashnikov. Todo lo que sé del pis de Calderilla es que era amarillo y que la gente se lo bebía igualmente. Un Grasioso era un TGV, es decir una intragable mezcla de tequila, ginebra y vodka. Cuando me preguntaron a mí qué tipo de brebaje quería que fuese conocido durante esa mágica noche como chupito Listo, estuve reflexionando un buen rato sobre licores que pudiesen considerarse próximos al espíritu del monigote, y al final opté por el tradicional chupito de anís, un clásico de la madurez varonil y de los besazos refrescantes.

El caso es que me lo pasaba tan chupi en lo de Zaragoza que empecé a ir también a otros salones.

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WEEzine X, Una amante complaciente y Liguepedia, a la venta a partir del viernes por la tarde en el Salón del Cómic.

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