Hoy que tengo medio apalabrado el prólogo de Oxiticinas y que al prologuista de El gran libro de la cinefilia le están llamando terrorista antisemita por tuitear chistes de judíos y de Irene Villa (y por ser el nuevo concejal de cultura del ayuntamiento de Madrid), quizá es un buen momento para compartir el prólogo que nos hizo Javirroyo para Una amante complaciente, a ver si se vende algún ejemplar más, que todavía me quedan un par de cajas.

 

javirroyoprologuistaConocí al Listo antes que a Xavi Àgueda. Aunque realmente uno y otro, personaje y persona (autor) se me mezclan a veces en el subconsciente y suelo atribuirle frases del personaje a la persona y viceversa. Y esto no me ocurre sólo con el Listo, sino que me pasa con la mayoría de autores, de dibujantes que cuentan historias. Porque si hay algo que define a un buen autor de cómic, al margen de su habilidad o forma de dibujar, es que sepa contar historias. Que tenga cosas que decir, y además que sepa contarlas bien. El Listo y Àgueda las cuentan bien. Finas y concentradas. Y hablan muy rápido. Los dos.

En los años 90, la novela gráfica no existía como tal. Existían los tebeos, los cómics. Dibujar cómics era como una especie de afición/reminiscencia infantil o adolescente en un país donde los cómics eran asociados a Mortadelo y Filemón, a Superlópez, a Zipi y Zape, a Tintín… y a la infancia. A muchos adultos (yo esto lo he visto) les daba vergüenza comprar un tebeo y que le vieran públicamente con él. Más vergüenza que comprar la Playboy. De verdad. El cómic era realmente un paisaje escondido para la mayoría, un territorio muy underground, muy freak, donde vivíamos unos seres a los que nos gustaba contar historias dibujadas en fanzines de fotocopias grapadas.

Para cualquier dibujante de cómic su obra tiene sentido cuando es leída, con lo que la aparición y “democratización” de internet a lo largo, y sobre todo, a finales de los 90 fue una gran puerta que se abría a la posibilidad de que te leyera mucha gente sin tener que pasar por el papel. El sueño dorado: pasar de la cabeza al lápiz y de ahí al lector. Sin papel impreso. Sin intermediarios.

Y ahí fue, a principios de la década de 2000 cuando El Listo empezó a gestarse. La tecnología ha sido siempre un acelerador. Paul Virilio, un pensador tecno-escéptico, relacionaba la velocidad que produce la tecnología con el poder. Desde el uso militar de tecnologías para llegar a contraatacar antes al enemigo hasta la velocidad tecnológica aplicada a la producción, la tecnología produce velocidad. Y la velocidad da poder a quien la usa. Facebook, por poner otro ejemplo, es un acelerador de relaciones. Twitter es un acelerador de rumores y noticias. La aparición de los blogs (Blogger, o Tumblr) supuso un acelerador editorial para todos nosotros, un acelerador que nos proporcionaba poder. Las redes sociales ayudaron a acelerar y conectar de forma más rápida a gente con los mismos intereses, y ahí estamos…

Ese poder nos daba la libertad de contar cosas a nuestros lectores, sin tener que pagar peajes económicos de producción editorial o de criterios editoriales y de marketing. Y sobre todo de distribución, la madre del cordero del mercado editorial. No todo el mundo sabe que el camionero (bueno, la empresa de distribución) que lleva los libros o cómics del almacén a la librería gana del libro hasta cinco veces más dinero que el autor del mismo. Eso es así. Así de injusto y así de crudo.

El Estafador, publicación que edito y de la cual forma parte Xavi Àgueda, es también hija de esta filosofía libre, alejada de las normas de la industria y de los paradigmas de transmisión de la información del siglo XX (bueno, del siglo XV, año en que se inventó la imprenta). Es una orgullosa plataforma editorial que llega semanalmente a decenas de miles de lectores. Una publicación del siglo XXI, en esa línea que comparto con Xavi Àgueda y sus 10 años de El Listo.

Quizás lo más gracioso de todo sea que un teleco como Xavi Àgueda (un tecno-entusiasta como yo) haya aprovechado tan bien el sentido de la inmediatez, de la velocidad de la tecnología que el tecno-escéptico Paul Virilio relacionaba con lo peor de la tecnología y haya sabido adaptarla al cómic de este modo tan rápido y certero. Lo mejor es que lleva 10 años y esto no acaba más que empezar.

Me siento orgulloso de esa amante complaciente que compartimos.

– Javirroyo

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