Estaba hablando con un activista violento y… 

Bueno, un inciso, si estás leyendo esto y eres un agente de las fuerzas del orden por favor interprétalo como una ficción retórica, y si estás leyendo esto y te da la curiosidad y quieres escuchar sin intermediarios a un activista violento puedes pasearte por Barcelona cuando anochece o acercarte durante el día a cualquier instituto o centro universitario. Están entre nosotros y ya no son solo cuatro gamberros. 

En todo caso, estuve hablando con un activista violento y me contaba que la violencia es necesaria, que todos nuestros derechos se han conseguido con violencia, y me lo decía convencidísimo, ese era su argumentario, que nada se consigue gratis, que las cosas hay que lucharlas, que no podemos dejar que nos pisen.

Llevo una semana dando la turra en Twitter con el rollo totalmente contrario: que con violencia se consiguen pocas cosas y que el activismo no violento es el que funciona.

A la pregunta obvia de ¿Cómo podía estar uno de los dos tan equivocado? me gustaría añadir el dato de que el equivocado seguramente era él porque era más joven y había leído menos libros, y no esperéis luego un punchline humilde en el que resulta que tenía razón él porque no lo habrá, las personas que han vivido más y han leído más libros es más probable que acierten cosas, todo el punchline al que podéis esperar es que al final en cierto modo tuviésemos razón ambos, y ya veremos, pero bueno, en todo caso, también me gustaría incidir en que tanto él como yo somos buena gente y queremos que triunfen las causas justas, el desacuerdo estaba solo en la cuestión de cuál de los dos caminos era más probable que lleve a la victoria.

Como tantas disputas en apariencia irreconciliables, la solución estaba a nuestro alcance en forma de libros, datos, matemáticas relativamente sencillas. El conocimiento no lo soluciona todo pero ayuda un montón. Yo lo recomiendo mucho a todo el mundo pero especialmente a los jóvenes.

El caso es que Erica Chenoweth y Maria Stephan recopilaron información de todos los movimientos de resistencia política que encontraron y pusieron en un lado los violentos y en otro los no violentos y dividieron el número de los que habían tenido éxito por el total y les salió que, de los no violentos, habían triunfado el 75% y, de los violentos, el 33%.

No me gusta presumir pero según estos números teníamos razón yo, Mahatma Gandhi y Martin Luther King.

Pero ahora viene el punchline que os insinuaba antes de que a lo mejor teníamos razón los dos porque a medida que la humanidad entera en todos sus conflictos recurre cada vez menos a la violencia, también es cierto que la humanidad entera en todos sus conflictos recurre cada vez más a la propaganda, a la desinformación y al darle de patadas al diccionario.

Mi amigo activista violento y yo no nos poníamos de acuerdo porque estábamos usando acepciones diferentes de violencia. Yo me regía por la acepción tradicional, la de que violencia es pegar y disparar y torturar y matar gente, mientras que él ya había aceptado la acepción moderna que cuenta como violencia la violencia verbal, las miradas hostiles, las pegatinas, las pintadas, el sentarse a bloquear una calle, el lanzar globos de pintura a los antidisturbios, detergente Fairy a las fuentes monumentales y basura a las sedes del PSOE.

Un hombre sabio cuyo nombre ahora no recuerdo ni soy capaz de encontrar dijo una vez que cualquier discusión que se alargue en el tiempo terminará tratando sobre semántica, y creo que es verdad, pero a los ingenieros nos gusta dejar claras las definiciones al principio y sacar las conclusiones luego.

Si entendemos que violencia es pegar y disparar y torturar y matar gente, insisto en que la violencia me parece una estrategia inmoral y poco inteligente porque ni siquiera funciona. Prácticamente ningún grupo terrorista ha logrado sus objetivos nunca. Para ganar cosas se necesita apoyo popular y la violencia de pegar y disparar y torturar y matar gente suele tener justo el efecto contrario. Tú ven pegando y disparando que amigos y aliados te saldrán pocos y terminarás perdiendo el apoyo de los que al principio te apoyaban.

Pero si entendemos que violencia es enfrentarte a tu enemigo sin pegar, sin disparar, sin torturar y sin matar gente, eso sí que me parece una estrategia inteligente porque es precisamente la definición de activismo no violento que sí que funciona.

Pero ojo que el activismo no violento, el que funciona, no es tampoco sentarse en el sofá y mirar a ver qué dan por la tele. El activismo no violento tiene muchas formas y últimamente se están inventando unas cuantas nuevas, pero requiere hacer cosas, por eso se le llama activismo.

Y gana batallas, vaya sí las gana. Y a sus impulsores a veces los encarcelan y/o los tildan de terroristas aunque no empren violencia en el sentido violento de la palabra, pero luego cuando ya han ganado a veces les hacen estatuas y les dan premios Nobel. Algunos ejemplos de partidarios del activismo no violento, a parte del propio Gandhi y Martin Luther King, serían León Tolstoi, Albert Einstein, James Bevel, Gene Sharp, Andrei Sakharov, Lech Walesa, Vaclav Havel, Nelson Mandela, Desmond Tutu, Adolfo Pérez Esquivel, Mario Rodríguez Cobos y Clotario Blest. Están todos en la Wikipedia y a día de hoy son casi todos figuras bastante poco controvertidas. Y sus victorias, por supuesto, son complejas y pueden atribuirse a varias causas, basta fijarse en las cosas para darse cuenta de que nada tiene una sola causa, pero ojo que entre sus greatest hits estarían Israel 26, Hungría 1867, India y Pakistán 1940, El Salvador 1944, EEUU 1955, Portugal 1974 y Polonia 1980. Todo al alcance de a quién pueda interesar, en los libros e internet.

Prefiero la definición tradicional de violencia porque hace mucho más fácil la comunicación entre las personas pero, si nos rendimos a la propaganda y aceptamos que la lucha no violenta también es violencia, hay que ser muy cabrón para no ponerse del lado de los violentos, y pido perdón por la violencia verbal, espero que no se malinterprete.

– Xavier Àgueda

 

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