“Estoy escribiendo el prólogo para un comiquero”, le comenté a un amigo experto en el tema. “Querrá tocarte”, contestó, “pero tranquila, no se atreverá”. Seamos claros: hombres y mujeres no hablamos el mismo idioma. La seducción consiste en intentar comunicarse con el otro, fingiendo que sabes lo que haces. Pero, de hecho, somos vírgenes en cada aventura, y no hay nada más humillante que nos pregunten si es nuestra primera vez. Para el Listo siempre es la primera vez.

Como quien estrena su colonia Chispas, él prueba un local de intercambio, una nueva postura, una estrategia arriesgada (un chiste malo de ingenieros) para ver si logra dar con ese código que supuestamente comparten los que consiguen rollo; en realidad, una forma de traducción que sólo sabrán descifrar ellos, tras un montón de intentos ridículos, y un triunfal intercambio de saliva.

El éxito es casi imposible, en una sociedad ególatra, individualista e inmadura, donde ligar representa un negocio que, para obtener beneficios, necesita el fracaso del compromiso, y se nutre de la obsolescencia programada. La emoción dura lo que dura la selección de personal. La recompensa se obtiene con un clic, y nunca te quedas satisfecho porque siempre quieres más. El romanticismo no está en las estrellas, sino en las webs de contactos: si miras las fotos de quienes se anuncian allí, igual que al mirar el firmamento, verás el pasado, seres brillantes que se apagaron hace años.

El tiempo también transcurre en las encías, así que no lo pierdas a la hora de dar un beso; el momento se pudre. Los nostálgicos que echan de menos los cuerpos turgentes, y esa energía que tenían a los veinte años, caerán en la tentación de revivir lo que vivieron hace décadas, a través de sus jóvenes conquistas. Pero si ya es difícil compenetrarse con alguien de tu generación, la cosa se complica cuando el otro ignora qué coño es Sonic Youth, o no sabe de lo que hablaba yo cuando he mencionado tu primera colonia Chispas.

Lo peor de ser lúcido es que te das cuenta de qué va el mundo, y asumes que nunca podrás entenderte con él. Estás condenado a ser un eterno viejoven analítico que busca la perfección imposible mediante el ensayo y error, ensayo y error, ensayo… error, error, ¡error! La exigencia se convierte en una manía persecutoria. Y un pudor infantil y crónico te planteará problemas del tipo: cómo hacer que dos hombres heterosexuales vayan del punto A al B, si cuentan con una única moto.

El Listo se fija en lo que creías que nadie más fijaba. Por ejemplo: en quién se lava las manos antes de comer. Flipa con lo que fliparíamos todos si averiguáramos de qué tratan Puff the magic dragon, Perfect day, Joan Petit y Ellos las prefieren gordas. Es entrañable como ingeniero que se las da de ingenioso, y es Jack el destripador cuando desentraña las angustias que nos anudan el estómago. Partiéndonos de risa.

Los momentos más incómodos se convierten en pura ironía, desde la distancia adecuada. Y él se mantiene ahí, científico. O sea, un friki por partida doble. Aunque, bueno, a la hora del sexo, del amor, o de eso que hace que nos atraigamos aunque nos cueste tanto comunicarnos, frikis lo somos todos. Él, además, es un genio incomprendido, un sabio naïf y casi imberbe, un enamorado inseguro y consciente de que, en la vida, nunca se es experto en nada.

Llucia Ramis Laloux

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