La última vez que vi a Xavier Águeda (la persona real oculta bajo la minimalista autocaricatura de El Listo) me dió la mano y me dijo “¡Hombre! el prologuista que no prologa”. Y es normal, habían pasado unas cuantas semanas desde que había aceptado orgulloso su encargo para escribir el prólogo del tebeo que tienes en tus manos, la historia más larga y ambiciosa de El Listo hasta el momento. Pero estaba bloqueado, algo me impedía dar con el tono y el texto adecuado porque no entendía que Cardio es una historia DE deporte, no una historia SOBRE deporte.

Pero ya me había comprometido y sinceramente, no podía decir que no a escribir el prólogo de un cómic que unificaba con respeto y humildad dos mundos irreconciliables que me resultaban igualmente apasionantes: la creatividad, el arte, la cultura; frente al deporte, la actividad física, el culto al cuerpo… Y es que a pesar de que Xavi es una persona realmente culta y repleta de inquietudes, el tipo de humor con el que se aproxima a la cultura de gimnasio es sorprendementente respetuoso: en esta pequeña gran historieta de El Listo no hay prepotencia ni altivez, pero sí mucha comedia no exenta de subtexto.

Las risas de Cardio surgen de lo insólita que resulta la forma en la que abordamos la actividad física en nuestra sociedad. Lo que hace miles de años era una cuestión de mera supervivencia, ahora en la mayoría de los casos está más relacionado con el estatus y la vanidad, un tratamiento de choque contra la fragilidad de nuestros egos. Es innegable que desde el punto de vista del propio deportista, obligarse realizar con constancia una actividad dolorosa y cansada es una gesta digna de mención, pero desde fuera, especialmente desde la perspectiva de aquel observador que analiza su entorno con lógica y cierto cinismo, resulta cómico ver a un tipo haciendo esprints de 100 metros lisos sin que nadie le persiga, o levantando una mancuerna en cinco series de doce repeticiones con la única intención de que su bíceps adquiera la forma de una pelota de tenis. En el deporte, la línea que separa lo heróico de lo ridículo es prácticamente imperceptible.

¿Por qué lo hacemos? ¿Salud? ¿Simple necesidad fisiológica heredada del modo de vida de nuestros ancestros? ¿¿Algún tipo de retorcido ceremonial pre-apareamiento??

Sea cual sea la respuesta, no importa. La actividad física es algo intrínseco al hecho de ser humano, algo que asociamos a la vitalidad porque el movimiento es vida y la vida -para bien y para mal- es rutina. Esto es interesante de cara a la ficción, porque la rutinas son un excelente telón de fondo sobre el cual se desarrollan las mejores historias cotidianas. Por eso Cardio no es un tebeo SOBRE deporte, sino un tebeo DE deporte, una historieta que nos invita a celebrar la diferencia y aprender de ella como primer paso para respetarnos a nosotros mismos y para entender que ese saco de carne, agua y hueso que es nuestro cuerpo, también es un dispositivo perfectamente válido para encontrar un poco de amor, admiración y comprensión, que es lo que en el fondo buscamos buscamos todos.

Nacho MG

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