He tardado un montón a escribir algo sobre lo del Animacómic de Málaga porque he tenido un verano un poco raro y porque no encontraba palabras. Ya antes de ir bromeaba con lo de que me estaban mimando tanto que temía que me hubiesen confundido con Paco Roca o algún otro autor importante pero ahí fue a más.

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A simple vista parecía un salón normal, con casi todos los stands dedicados al merchandising y a la japonofilia, pero había un montón de charlas y talleres y actividades y, alerta, a diferencia de cualquier otro salón al que hubiese asistido hasta la fecha, en la mayoría de ellas los protagonistas no parecían ser las vacas sagradas de las grandes editoriales sino autores cuyo principal medio de difusión era internet. Y cuando digo protagonistas no me refiero solamente a que nos dejasen hablar sino que nos cuidaron y nos alimentaron de una forma tan exagerada que me vi obligado a romper mi regla de no tuitear fotos de platos de comida, más que nada por si cundía el ejemplo y los del Ficómic también se animan algún día a atiborrarme de pescadito frito y cosas así.Animacómic

Cualquier excusa para ver amigos como Andrés Palomino, Morán, Ender Wiggins y Jesulink es siempre un gustazo, y me sentí todo el rato como en casa, pero hubo un momento especialmente emotivo en el que un tío nos comentó que se alegraba un montón de estar ahí charlando con nosotros, que el año pasado habían invitado a Alfonso Azpiri, y, aunque se sabía que era un autor importante, él personalmente lo había leído menos y no se había ilusionado tanto al conocerlo en persona. Os juro que no me lo estoy inventando, estuve a punto de pedirle que me lo pusiese por escrito. En los salones del cómic a los que solía asistir yo por otros lares no sólo no me decían cosas tan bonitas ni me daban sardinillas, es que en muchos de ellos hasta me cobraban por entrar en el recinto.

Vamos, que no me atreveré a decir que el Animacómic sea como un salón del cómic del futuro, pero sí que me sentí en él como en un salón del cómic de un universo paralelo con algunas características un poco futuristas.

Y por si no fuese todo ya bastante onírico, encima gané un concurso de dibujo. En serio. Y ya sabéis cómo dibujo yo, ganar concursos de dibujo tampoco es algo que haga a menudo, pero es que nos pusieron a dibujar en vivo, con tabletas gráficas y proyectores, en un auditorio lleno de gente, y en lugar de haber un jurado formado por un comité de sabios dejaron votar al público, y esto de la democracia puede llegar a dar resultados muy jodidos, como bien sabrá cualquier adulto que esté un poco al día de la política española.

Por otro lado, como el concurso iba anunciado como “duelo de dibujantes“, me quité la camisa y me puse una máscara de luchador mexicano, y quedé de puta madre en las fotos. Alguien me llamó fofisano por Twitter y primero creí que quería pelea pero luego leí que este verano ser fofisano es algo muy guay porque está de moda, y es una moda mucho más gustosa que la de la metrosexualidad, porque no hay que depilarse las pelotas. Llegué a oí algún comentario envidioso teorizando que algún que otro voto quizá fue debido más a mi espectacular forma física que a mi virtuosismo con la tableta gráfica.

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Las ventas de Una amante complaciente tampoco fueron desdeñables, y luego encima aproveché que ya había bajado hasta ahí para quedarme tres días en Málaga después del salón y recrearme un poquito en la oferta turística, gastronómica y cultural de la ciudad y en la hospitalidad de sus gentes. Y, oye, muy bien todo, hace un calor que te mueres, pero tienen museos chulos y calles bonitas y tapas gratis con cada cerveza, y las malagueñas son efectivamente salerosas y qué bonitos ojos tienen.

Muchas gracias a los organizadores por unos días tan felices. Cuando saque la segunda edición de Una amante complaciente voy a tener que editar un poco el trozo en el que hablo de los mejores salones del cómic que conozco porque me la dejasteis obsoleta.

Subí algunas fotos en el Google+ y os enlazo aquí también algunas viñetas sobre el evento que salieron en Crónicas PSN, ¡Eh, tío! y Sinergia sin control.

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