Al pequeño ebook de La noche de Tito le pusimos un prologazo escrito por Josep Lapidario, y me hizo mucha ilusión. Josep Lapidario lleva el blog Hay que joderse y tiene un Twitter, y también escribe cosas para Jotdown y explica cosas en el programa de radio Les mil i una nits. Además es un amigo generoso y estupendísimo que siempre está metido en movidas divertidas (ir a una fiesta con él es como leer un buen libro, en el sentido de que te expande la mente y luego ya no vuelve nunca a su forma y tamaño originales). Su prólogo dice tal que así:

josep-lapidarioPara celebrar la tira número 1000 (¡mil!) de El Listo, estaría bien releer todas y cada una de las 999 anteriores. Porque sí. Porque podemos. Porque si hay gente que se casca maratones con las versiones extendidas de El Señor de los Anillos o Star Wars, los fans de El Listo no deberíamos ser menos. Pongamos que en leer cada tira online invertimos de media unos treinta segundos, sumando el tiempo de lectura, la carcajada o sonrisa torcida correspondiente y el necesario tiempo de descompresión entre chiste y chiste en que se medita sobre cómo afecta lo leído al sentido de la vida, el universo y todo lo demás. Releer todos los listos no nos llevaría más de ocho horas, una jornada laboral que estará mejor empleada leyendo tebeos que levantando el país, que total, para qué si luego vuelve a caerse enseguida.  

Háganlo, merece la pena… Yo no lo he hecho, pero desde cuándo es necesario ser coherente en este circo. Sí he repasado algunos de mis listos favoritos: sus aventuras en un club de intercambio de parejas, su incursión en la poesía manifestante, su deprimente paso por el mundo de la empresa o mi cameo post-Listoparty hablando de insertar puños en cavidades anales. Pero permítanme que llame su atención sobre la segunda tira, todavía no dibujada por ese Miguel Ángel del feísmo que es Xavi Águeda sino por Guille Martínez-Vela. En ella el Listo presenta a los personajes secundarios de la tira… Sus amigos.

En sus libros de la Torre Oscura, Stephen King definió como ka-tet a un grupo de personas ligado kármicamente por un mismo destino. Un grupo heterogéneo en el que cada cual tiene un papel que desempeñar, algo no tan distinto a un grupo de música, una liga de superhéroes o un grupillo de roleros donde tiene que haber sitio para un mago, un guerrero y un ladrón. O, en fin, una pandilla de amigotes con un listillo, un cachas, un gordo, un anarca y un tímido. Como Els Joves pero en barcelonés.

Cuando en una narración aparece un grupo variado de personas, a menudo el lector puede reconocer rasgos de su propia personalidad en cada uno de ellos. Por ejemplo: si bien mi barrigón de Santa Claus alcohólico en horas bajas me hace difícil identificarme con “el cachas”, sí reconozco rasgos propios en “el gordo”, en Borja el revolucionario… Y en Tito el tímido. Siempre he vivido arrastrando una enorme introversión y timidez, hasta el punto de no poder literalmente articular palabra en según qué ocasiones generalmente relacionadas con el sexo opuesto. Al cumplir los veintitantos decidí sublimar esa timidez arrojándome de cabeza  a una especie de hoguera frenética de actividad y perversión, y de algún modo poco claro acabé co-regentando un sótano sadomasoquista durante cinco años.  

Por supuesto, hay otros caminos para superar la timidez, o al menos reconciliarse con sus inevitables consecuencias. En La noche de Tito, flamante número mil de El Listo que bien podría contar como novela gráfica, vemos una de esas vías en el particular listoestilo, que garantiza una mezcla demente de sexo, risas, vergüenza y… Mucha ternura. Sí, aquí el Listo se pone inesperadamente tierno, o al menos eso me parece. Porque lo que en otras manos menos hábiles sería una anécdota de barra de bar (“tengo un amigo muy tímido que…”), queda convertido, Listo mediante, en una mini-epopeya urbana muy graciosa y un poco triste, como toda buena comedia.

En muchas series de televisión, algún capítulo se aparta del protagonista para centrar el foco en los personajes secundarios (o terciarios, véase el magnífico Lower Decks de Star Trek:LNG). A veces el experimento es una catástrofe, recordando a los espectadores que los secundarios son precisamente secundarios por algo… Pero en otras ocasiones el resultado es excelente, y sirve no solo para dar cuerpo al personaje sino para ampliar el universo temático de la serie. En el mejor de los casos, el terreno está abonado para una serie paralela, como Frasier surgió de Cheers o Angel de Buffy. No creo que vayamos a ver un spin-off de El Listo protagonizado por Tito, aunque le cuadraría una tira cómica muda a lo Mr Bean: Tito el Introvertido, o ya puestos (no me matéis), Introvertito.  

Debería en cualquier caso callarme ya, o tendrá más palabras la introducción que la tira. Les dejo con el ka-tet del Listo y una última recomendación algo extemporánea: la próxima vez que tengan un problema o les asalte una duda existencial, pregúntense: “¿qué haría el Listo en mi lugar?”… Y después hagan lo que les salga de las mismísimas narices, que es en cualquier caso lo que harían tanto el Listo como su creador, el gran Xavi Águeda. No es una mala brújula vital.

– Josep Lapidario

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