Ladies and gentlemen, ya tenemos una nueva excusa para no actualizar tan a menudo como nos gustaría.
La nueva excusa se llama Telefónica. Esta poderosa empresa (que puntualmente me cobra por un servicio ADSL que, a juzgar por su precio, debería ser una maravilla) me está dejando tirado sin internet cada dos por tres. ¿Podéis imaginaros la sensación? El correo electrónico, los webcómics, los foros y los blogs desparecen de repente y es imposible saber cuando volverán. Nada más de pensar en ello me entran sudores fríos. No queda otro remedio que recurrir a antiguas formas de ocio pasivo como la literatura en papel, el cine, la televisión o incluso la interacción con otros seres humanos.
De hecho, la mayor parte del tiempo que en circunstancias normales dedicaría a actualizar la web lo dedico ahora a charlar con las simpáticas señoritas del servicio técnico de Telefónica, cuyo número de teléfono empieza por 902 como el de las teleputas, y seguramente tiene un coste económico parecido pero cualquier otra comparación entre un servicio y el otro estaría fuera de lugar.
La mayoría de estas señoritas se muestran muy amables (porque al finalizar la llamada tienes que pulsar un uno si estás contento con la operadora o un dos si no lo estás, y supongo que van echando a las que provocan más doses), pero la conexión a internet tarda un huevo a volver a funcionar, y al cabo de unos días vuelve a joderse.

La enésima vez que llamé estaba un poco mosqueado con el tema e intenté dejar patente mi insatisfacción. La chica del servicio técnico de ADSL Telefónica se me puso en plan comercial y me ofreció el contrato “Servicio Técnico MegaPlus” (o algo así) con el que me garantizaban que las cosas se arreglarían antes y que el teléfono al que tendría que llamar cuando se cayese la línea no sería tan caro.
En otras palabras, que se ve que si les pago todavía más dinero se darán algo de prisa a solucionar estos problemas que me están causando ellos mismos. Lo que nos faltaba, que las empresas de telefonía aprendan trucos de márketing de los clanes de gitanos que ofrecen protección a las constructoras.

Pues nada, la única intención de este pucherazo era disuadir a posibles clientes de Telefónica y, ya puestos, solicitar consejo sobre alternativas. Auna no es una opción, que trabajé un tiempo para ellos (subcontratado, por supuesto) y los suplicios a los que sometíamos a los clientes también parecían inspirados en los mejores cuentos de Franz Kafka y Edgar Allan Poe; pero habrá que probar alguna otra.

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