Ladies and gentlemen,
¿a vosotros no os resulta fastidioso que os etiqueten en fotos de Facebook en las que no salís? A nosotros no, a nosotros nos resulta muy divertido desde que en enero de 2011 dibujamos un culo junto a un texto que decía “Las personas etiquetadas en este culo han sido etiquetadas en este culo como castigo por haber etiquetado a otras personas en fotos en las que no salían” y lo subimos a la popular red social:

El culo que el Facebook no quiere que veas

La broma tuvo muy buena acogida, y la imagen se llenó de megustas y de comentarios y, lo que más, de etiquetas. Multitud de usuarios de Facebook la usaron como una pequeña venganza inocua y graciosilla contra los pesados que les llenaban el muro de gatitos y puestas de sol. Y la mayoría de los etiquetados en el culo se desetiquetaban enseguida, pero algunos se quedaban y se acumulaban hasta el punto que la imagen se saturó, no admitía más etiquetas y tuvimos que subir otra copia. La verdad es que estábamos muy contentos con nuestro culo. Era un culo guai, el culo más popular de nuestro círculo de amigos.

Pero esta mañana nos han informado de que la imagen del culo dibujado había sido eliminada porque “incumplía la Declaración de derechos y responsabilidades de Facebook”. Hemos leído el reglamento facebookero casi de cabo a cabo y creemos que lo que les molestó es que el culo estuviese desnudo. Dice el reglamento que no se tolera nudity pero que alguna nudity en concreto sí, como por ejemplo la del David de Miguel Ángel. Eso ha dolido. Por supuesto que el culete del pequeño gran héroe judío está mucho más tonificado que el nuestro, pero no nos parece que eso tendría que ser motivo de discriminación. Sin embargo, aun sintiéndonos un poco insultados, hemos pasado por el aro y hemos tomado las medidas pertinentes:

El culo que al Facebook no le importa que veas.

Es esta una anécdota banal de la que sin embargo se desprenden moralejas delicadas: que si dejamos que los medios de comunicación permanezcan en manos de empresas privadas estas pueden imponernos sus normas y limitaciones por muy arbitrarias que nos parezcan y que los ciudadanos de a pie no pintamos nada el proceso de elección de estas normas y limitaciones. Sabemos que habrá quién argumente que es tontería preocuparse por algo así, pero dudo que nuestros antepasados hubiesen tolerado que una compañía de correo postal decidiese qué cartas merecían ser entregadas en función de su contenido ni, a día de hoy, toleraríamos compañías de telefonía que cortasen las llamadas cuando detectasen palabras que no fuesen de su agrado.

En la televisión y otros medios de comunicación punto-multipunto sí que nos hemos acostumbrado a tolerar una férrea censura dictada, no tanto por un aparato estatal elegido democráticamente como por las grandes corporaciones que los finanzan mediante contratos de publicidad… pero pienso que sería bonito tratar de mantener al menos en Internet un pequeño bastión de libertad de expresión tanto tiempo como fuese posible. Que si nos acostumbramos a que se pasen nuestras libertades por ahí, precisamente, por el culo, luego no nos ha de extrañar que nuestra vida sea marronácea.

Que hoy hemos perdido un culo mal dibujado que no tenía valor alguno, pero mañana el culo que peligre podría ser el mío, y pasado mañana podría peligrar el tuyo.

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