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“Hoy en día, el capitalismo de mercado no tiene ningún gran rival ideológico; su mayor amenaza proviene de su propio interior. Si no puede promover la prosperidad y la justicia no habrá triunfado.” (Kofi Annan)
“La matemática es la ciencia del orden y la medida, de bellas cadenas de razonamientos, todos sencillos y fáciles.” (René Descartes)
Ladies and gentlemen, ya tenemos una nueva excusa para no actualizar tan a menudo como nos gustaría.
La nueva excusa se llama Telefónica. Esta poderosa empresa (que puntualmente me cobra por un servicio ADSL que, a juzgar por su precio, debería ser una maravilla) me está dejando tirado sin internet cada dos por tres. ¿Podéis imaginaros la sensación? El correo electrónico, los webcómics, los foros y los blogs desparecen de repente y es imposible saber cuando volverán. Nada más de pensar en ello me entran sudores fríos. No queda otro remedio que recurrir a antiguas formas de ocio pasivo como la literatura en papel, el cine, la televisión o incluso la interacción con otros seres humanos.
De hecho, la mayor parte del tiempo que en circunstancias normales dedicaría a actualizar la web lo dedico ahora a charlar con las simpáticas señoritas del servicio técnico de Telefónica, cuyo número de teléfono empieza por 902 como el de las teleputas, y seguramente tiene un coste económico parecido pero cualquier otra comparación entre un servicio y el otro estaría fuera de lugar.
La mayoría de estas señoritas se muestran muy amables (porque al finalizar la llamada tienes que pulsar un uno si estás contento con la operadora o un dos si no lo estás, y supongo que van echando a las que provocan más doses), pero la conexión a internet tarda un huevo a volver a funcionar, y al cabo de unos días vuelve a joderse.
La enésima vez que llamé estaba un poco mosqueado con el tema e intenté dejar patente mi insatisfacción. La chica del servicio técnico de ADSL Telefónica se me puso en plan comercial y me ofreció el contrato “Servicio Técnico MegaPlus” (o algo así) con el que me garantizaban que las cosas se arreglarían antes y que el teléfono al que tendría que llamar cuando se cayese la línea no sería tan caro.
En otras palabras, que se ve que si les pago todavía más dinero se darán algo de prisa a solucionar estos problemas que me están causando ellos mismos. Lo que nos faltaba, que las empresas de telefonía aprendan trucos de márketing de los clanes de gitanos que ofrecen protección a las constructoras.
Pues nada, la única intención de este pucherazo era disuadir a posibles clientes de Telefónica y, ya puestos, solicitar consejo sobre alternativas. Auna no es una opción, que trabajé un tiempo para ellos (subcontratado, por supuesto) y los suplicios a los que sometíamos a los clientes también parecían inspirados en los mejores cuentos de Franz Kafka y Edgar Allan Poe; pero habrá que probar alguna otra.
Apa pues, a tomar por culo las vacaciones de miles de pringaos que creyeron que Clickair (recién comprada por Vueling, que también debe ser una empresa de fiar) realmente ofrecía los vuelos por los que estaba cobrando… O a espabilarse y comprar vuelos de otras compañías en el último momento, que seguro que lo que les queda para este agosto debe ser mucho y barato.
Su publicidad dice: “Vuela inteligente”, y los mails con que cancelan los vuelos dicen: “queremos trasladarle nuestras disculpas por los inconvenientes que esta situación pueda ocasionarle e informarle, con suficiente antelación” (un mes, en mi caso; un par de semanas para los pobrecicos que aspiraban a viajar en julio) y luego dicen “esperamos que ello no sea obstáculo para seguir contando con su confianza en nuestra compañía”.
Luego ya viene el colmo de la broma cuando nos dan a escoger entre a) el reembolso del importe del vuelo cancelado o b) un ticket de 50 euritos para otro vuelo de Clickair… Un amigo mío que se doctoró en matemáticas me confirma que, ante tal disyuntiva, vale la pena escoger la devolución del importe completo del vuelo (cuyo precio la daba cuatro vueltas al de esa bírria de ticket)… Pero de momento no me consta que estén pagando ni una cosa ni la otra. Se ve que tardan un poquito más en pagar que en cobrar. Menuda pandilla de mangurriantes.
Sí, sí, lectores de tierras lejanas, El País es el más prestigioso periódico español y sin embargo vende y regala DVDs de brujería.
Esta cutreñeta tiene peor pinta de lo normal (entre otras cosas porque fue garabateada en horario laboral usando un boli azul no muy apropiado para el escaneo), pero parece que tocó la fibra sensible a más de uno Me atrevería a decir que esta es la viñeta del Listo que más repercusión ha tenido hasta la fecha, apareciendo en la revista El Escéptico y en varias webs molonas como Microsiervos y BitacorARP… El subidón de visitas fue considerable, ¡que dios bendiga a los escépticos!
(o, en caso de que esto no sea posible, que los bendiga el FSM)













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