Descubrí a Tom Sharpe cuando era chiquitín, mis padres tenían por casa Wilt y El bastard (El bastardo recalcitrante), luego me leí todo lo que pillé en la biblio del cole, luego compré algunos más. Tom Sharpe fue mi J. K. Rowling.
Ahora que ha muerto podríamos matar también a los que tradujeron los títulos de sus novelas y enterrarlos por ahí cerca, en plan egipcio.

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