Viñeta dibujada con ilusión para En realidad ni tiene gracia, una campaña de Cruz Roja que aspira a describir situaciones en las que personas se encuentran con barreras en el mercado laboral que no tienen que ver con sus capacidades profesionales.

No es un tema fácil ni, como indica el título de la campaña, gracioso. Los prejuicios sexistas, por ejemplo, están muy enquistados y atacan de formas sutiles. Dudo que podamos encontrar muchos ejemplos de empresas que discriminen en función del género de forma consciente y premeditada, pero las estadísticas indican que los puestos mejor remunerados suelen estar ocupados por hombres. Imagino que parte del problema viene de que la dificultad para compaginar una carrera profesional con la vida familiar es superior para las mujeres que para los hombres, ya que en muchos hogares siguen cargando con más responsabilidades que sus parejas. Traté de mostrarlo con el ejemplo de los políticos de élite, porque resulta un poco triste que incluso cuando se las dan de feministas y de paritarios, el número de mujeres ministras que han tenido que renunciar a tener hijos para poder centrarse en su trabajo es superior al número de hombres ministros.

La viñeta no fue seleccionada para la exposición que iban a montar en el Museo de la Ilustración de Madrid, y tampoco me sorprende, porque no es ninguna joya del humor gráfico, pero sí que me intrigó que ni siquiera la pusiesen en la web en la que parecían estar poniendo todas las viñetas recibidas. Pregunté en su Facebook y me dijeron que consideraban que mi dibujo no se ajustaba a la finalidad de la campaña y que me animaban a enviarles otro en la que se reflejase las desigualdades en el acceso al mercado laboral de los colectivos vulnerables.

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