Para aquellos afortunados lectores que logran vivir al margen de las modas juveniles, aclararemos que un Príncipe Alberto es un pendiente que en lugar de ponerse en la oreja se pone en el pito, atravesando tejidos y conductos que la mayoría de hombres preferirían no ver atravesados jamás.
Dice la leyenda que este piercing se llama así porque el mismísimo Príncipe Alberto lo usaba para engancharse la churra en el interior del bolsillo y mantenerla quietecita durante los banquetes reales, pero hoy en día se usa más que nada por motivos estéticos, por el morbo de la automutilación, y para aumentar el placer en las relaciones sexuales.
En todo caso, intenten no pensar en ello cuando estén tratando de conciliar el sueño.

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